Aluminio y burdeos: por qué la estética setentera retro sigue conquistándonos

Del cromado al burdeos, de las formas curvas a los materiales nobles. Estamos volviendo a mirar hacia los años setenta para imaginar cómo queremos vivir hoy.

Hay algo curioso en la nostalgia, nunca vuelve exactamente como la dejamos. Los años 70 están regresando a nuestros interiores, pero no lo hacen en forma de salón de Cuéntame, con todo el mobiliario comprado de golpe en una tienda de antigüedades. Vuelven de una manera mucho más interesante, en pequeños gestos. Una superficie cromada, una lámpara con formas redondeadas, un electrodoméstico que parece haber salido de una cocina de hace cincuenta años,  tono burdeos en una pared, una butaca o una cafetera. Madera oscura, hierro, cristal, objetos que parecen tener una historia aunque acaben de salir de una caja.

Esta búsqueda de espacios con más personalidad también se está reflejando en el trabajo de los estudios de arquitectura:  “Apostamos por estos materiales porque tienen un aspecto muy atemporal, pero con carácter, con esencia, estamos huyendo de las soluciones de blanco y crema”, explica Paulino Domínguez, arquitecto y cofundador de Medio Estudio.

No queremos vivir en los 70. Queremos que nuestra casa tenga personalidad

Durante años hemos vivido una especie de obsesión por los interiores neutros. Blanco, beige, madera clara, líneas rectas, materiales naturales y esa sensación de que cualquier cosa que sobresaliera demasiado podía arruinar la fotografía perfecta de nuestro salón. 

El minimalismo nos enseñó a quitar. Ahora parece que estamos aprendiendo, poco a poco, a volver a poner.

El giro hacia los interiores más expresivos tiene mucho que ver con eso. Las casas están dejando de entenderse como espacios puramente funcionales para convertirse en una extensión de nuestra personalidad. Ya no queremos que nuestra cocina parezca una cocina de catálogo. Queremos que parezca nuestra cocina, que tenga objetos que nos representen, colores que nos apetezca mirar y piezas capaces de generar conversación.

Esto responde también a un cambio en lo que buscamos cuando pensamos en nuestra casa, como bien dice Paulino Domínguez de Medio Estudio: “La gente ya no quiere casas blancas, se han pasado de moda. Ahora se juega con texturas, materiales naturales y elementos que tengan alma”.

TOAST RETRO – Create

Por eso las referencias vintage funcionan tan bien ahora. Porque aportan algo que muchas veces echamos de menos en el diseño contemporáneo: carácter. Una tostadora cromada puede hacer algo que una tostadora completamente blanca y anónima difícilmente consigue. No solo sirve para tostar pan, también ocupa un lugar visual dentro de la cocina.

El cromado ha dejado de ser frío

Pocas tendencias explican mejor este cambio que el regreso del cromado. Durante un tiempo, el metal brillante parecía condenado a desaparecer frente a materiales más cálidos y acabados mate. Pero el cromado ha vuelto con fuerza precisamente porque aporta contraste a la vez que pureza visual.

El cromado es un material transversal a estilos y colores que pega con todo.

En una habitación dominada por madera, textiles y colores profundos, una superficie metálica refleja la luz y rompe la uniformidad. En una cocina, introduce un punto casi futurista. Y cuando aparece combinado con formas retro, consigue algo especialmente atractivo: parece antiguo y moderno al mismo tiempo.

THERA CLASSIC COLD BREW de Create

Una cafetera puede tener una silueta inspirada en otra década y, al mismo tiempo, incorporar tecnología actual. Un tocadiscos puede recuperar el ritual físico de poner un vinilo mientras se conecta por Bluetooth. Una televisión puede convertirse en una pieza decorativa cuando no estamos viendo una película. La tecnología, de hecho, está aprendiendo a convivir con la decoración. 

El objeto cotidiano como pieza de diseño

Durante mucho tiempo pensamos en el diseño como algo reservado a determinadas piezas.Una silla icónica. Una lámpara. Un sofá. Una mesa. Pero el verdadero cambio está sucediendo en otra parte: en los objetos que utilizamos todos los días. Una tostadora puede estar diseñada. Una hervidora puede tener personalidad. Una cafetera puede convertirse en parte de la composición de una cocina. Incluso una freidora de aire puede dejar de ser ese electrodoméstico que escondemos después de utilizarlo para convertirse en un objeto más de la encimera.

No es casualidad que el catálogo contemporáneo de electrodomésticos se parezca cada vez más al de una marca de decoración. Queremos que aquello que utilizamos constantemente también nos guste verlo. Y esto tiene una consecuencia interesante: el diseño deja de ser algo exclusivamente visual para convertirse en una experiencia cotidiana.

Hay algo profundamente placentero en preparar un café en una cafetera que nos gusta. En poner un vinilo en un tocadiscos. En sacar una olla de hierro fundido del armario. En encender una lámpara al caer la tarde.

RECORD PLAYER PRO – Create

Son pequeños rituales. Y quizá por eso la casa de Abruzzo, la última editorial de Create, funciona como imaginario. Porque no plantea el hogar como un escaparate, sino como un escenario para vivir. Una casa donde cocinar, escuchar música, calentarse, reunirse, descansar o simplemente estar.

Un tocadiscos como objeto decorativo, pero con Bluetooth. Una televisión con tecnología QLED que, cuando está apagada, puede funcionar visualmente como una pieza artística. Un proyector que permite convertir cualquier pared en una pantalla de cine. Son objetos que recuperan rituales conocidos, escuchar música, ver películas, preparar un café, pero los adaptan a la forma en la que vivimos hoy. La propuesta de Create reúne precisamente varios de estos cruces entre estética retro, diseño y tecnología.

Proyector, Sandwichera y tostadora en burdeos de Create

La casa como refugio, no como escaparate

Después de unos años en los que nuestra casa se convirtió en oficina, restaurante, gimnasio, sala de cine, lugar de descanso y prácticamente todo lo demás, hemos empezado a prestar mucha más atención a cómo queremos sentirnos dentro de ella. La decoración ha dejado de ser únicamente una cuestión estética.

Queremos confort. Queremos rituales. Queremos objetos que nos hagan disfrutar de cosas tan sencillas como preparar el desayuno o escuchar música después de trabajar.

Por eso resulta tan interesante mirar hacia los años 70. No porque queramos volver a vivir como entonces, sino porque aquel imaginario representa algo que hoy buscamos de nuevo: una casa con vida.

Una casa que no parezca diseñada para una fotografía, sino para una tarde larga. Para una comida que se alarga, para un café después de comer, para escuchar un disco entero, para invitar a gente. En definitiva, para estar.

El regreso del diseño retro no habla tanto del pasado como del presente. Del deseo de recuperar objetos con personalidad, colores que emocionen, materiales que envejezcan bien y tecnología que, en lugar de competir con nuestra casa, forme parte de ella. Los años 70 vuelven, sí.

Pero esta vez lo hacen con Bluetooth, pantallas inteligentes, cafeteras de 20 bares y electrodomésticos capaces de hacer prácticamente de todo. Y, sinceramente, quizá esa sea la mejor manera posible de volver al pasado: sin dejar de vivir en el presente.



Jose Marne

Director creativo

@jotamarne I’m the wine mom your creative friends warned you about.